viernes, 31 de julio de 2009

Herminia


Herminia acaba de cumplir los 50 años. Cuando apenas cumplió los 18 su padre le lanzó la consabida sentencia: "Acá el que no estudia, tiene que trabajar". Así fue que Herminia ingresó a La Oficina, hace exactamente 32 años. Herminia está soltera y espera a su príncipe
"rubio y de ojos azules, como Facundo Arana". Por esa razón sus compañeras afirman que "nunca le vió la cara a Dios". Herminia es fanática del color rosa, los moños y Sergio Denis y habitualmente usa un collar con grandes perlas rosadas de plástico, de esas que podría usar una nena de 11 años, con pulseras haciendo juego. Algo que no usa son las pinzitas de depilar, de allí que su barba pinche al saludarla con un beso. Claro que eso ocurría antes de que se produzca el brote de la gripe A, momento en el que Herminia decidió saludar con un hola y chau al que sí o sí hay que contestarle alto y claro. Las veces que no le han correspondido el saludo, Herminia se ha quedado repitiendo las palabras mágicas hasta que finalmente alguien le respondió.
Herminia gastó su tiempo de vida a la sombra de su madre, siendo su "sirvienta y enfermera", según sus colegas de La Oficina. Hace poco menos de cinco años que su mamá murió y a partir de ese momento Herminia vive sola. Ese punto de inflexión en su vida acentuó sus dos características principales: la cleptomanía y su forma de hablar. De la primera hay incontables anécdotas, desde tuppers que desaparecen y vuelven a aparecer en su armario con una marquita personal, hasta lapiceras, gomas, libros de actas y demás útiles labolares, e incluso bufandas y buzos que se desintegran sin dejar rastro alguno. Con respecto a su forma de comunicarse, Herminia tiene dos manías: la de hablar sola y la de repetir constantemente las mismas frases. Por ejemplo si alguien le pregunta por el señor Pérez, Herminia responde: "No llamó el señor Pérez. No, no llamó para nada. ¿Sabés que llamó un montón de gente pero el señor Pérez no? No la verdad es que no llamó el señor Pérez. No, para nada. Nada de nada". Y así durante varios minutos. En ese campo, la repetición de la queja sobre cualquier ítem es una constante en su diálogo.
Herminia no tiene maldad y quizás está un poco loca. Se podría decir que lo único que separa a Herminia de la demencia total y la vagabundez es su puesto de trabajo en La Oficina.

Welcome to La Oficina


En este espacio conoceremos a los habitantes de La Oficina, una repartición del estado Argentino con muchas características propias y algunas comunes a otras dependencias. Todas las historias que se develarán son reales, por eso los nombres de los protagonistas han sido modificados para mantenerse en el anonimato. Las primeras entregas servirán de presentación para cada una de estas criaturas y luego dilucidaremos como interactúan día a día. Sin más preámbulos: sean bienvenidos a La Oficina.